La intención del día de hoy era alquilar un coche para ir al cajón de Maipo. Esta región a tan solo una hora de Santiago es el respiro de los santiagueños los fines de semana y desde aquí pueden verse algunas de las impresionantes montañas de la Cordillera de los Andes. Es un lugar ideal para hacer rutas de trekking y todo tipo de deportes de aventura.
Al cajón de Maipo se puede llegar en autobús desde el barrio de Bellavista sin embargo acceder a los sitios más importantes de este valle solo es posible con coche. Diana nos recomendó un lugar en Bellavista llamado Chilean Rent a Car, donde por menos de 30 euros se puede alquilar un coche sencillo por un día. Conducir en Chile no es complicado, en general la gente no conduce mal y las carreteras están en buen estado.
Todas las ciudades tienen algo que las hace especial, en el caso de Santigo, son las enormes montañas de los Andes las que hacen que el paisaje urbano se quede grabado. Sólo hay que levantar un poco la mirada y tenemos un espectacular fondo formado por la Cordillera. Según íbamos saliendo de la ciudad y acercándonos a la montaña el bullicio de la capital daba paso a la naturaleza y sus sonidos. Por la carretera había puestos que ofrecían empanadas y el típico pan amasado de la zona, un pan artesanal cocido en horno de barro. Estos puestos tienen una bandera blanca en su entrada y merece la pena pararse y probar las empanadas. Como era lunes, muchos estaban cerrados, supongo que el cajón será un lugar muy de domingueros chilenos.
La primera parada era el pueblo principal de la región, San José de Maipo. El pueblo en sí no tiene nada especialmente interesante más allá de la plaza de Armas donde se encuentra la oficina de turismo. Allí nos atendió una abuelita que nos dijo que ir a hacer el trekking del morado que nos había recomendado Diana, era imposible. Al parecer las lluvias se llevaron el puente para cruzar el río en febrero del año pasado y no había sido reconstruido. Nos recomendó subir al embalse del Yeso. Antes de partir al embalse comimos unas empanadas fritas hechas en el momento por menos de dos euros en un puesto callejero que estaban riquísimas.
La carretera al embalse es un poco terrible. Hay un tráfico continuo de camiones que van y vuelven de las minas de la zona. Son 25 km desde San José de los cuales los 5 últimos es una pista de tierra. Los paisajes desde la carretera son espectaculares. Enormes paredes verticales, glaciares en lo alto, cascadas que caen desde las cumbres y hasta un cóndor que volaba a ras del camino formaban el paisaje hasta el embalse.
Paramos en un par de ocasiones para hacer fotografías. Cuando llegamos al embalse el agua azul verdosa contrastaba con las montañas nevadas que lo rodeaban. Andamos por el borde del embalse cerca de un kilómetro. Algunos coches pasaban por el camino que bordeaba el lago. Al fondo vimos que había otro aparcamiento, así que tras preguntar a unas mujeres del lugar sobre si merecía ir al otro lado, nos aventuramos a acercarnos. Y vaya aventura. Cuando un camión o coche venía en dirección contraria, había que apartarse para dejarlo pasar. De este segundo aparcamiento se pasaba de las montañas nevadas a un paisaje volcánico, casi marciano. No quisimos seguir por la pista pero más adelante había unas termas naturales que seguro que merecían la pena.
Bajando por la carretera nos encontramos con un grupo de obreros arreglando la carretera y casi nos ganamos una multa. No nos queda claro, pero al parecer teníamos que habernos parado al principio de la obra pese a que había una señal que ponía "siga". La cosa es que nos echaron una bronca enorme, nos dijeron que "para manejar debíamos de saber lo que significan las señales" y sólo haciéndonos los guiris despistados conseguimos librarnos de que llamaran a los carabineros, que aquí no son langostinos, sino la policía.
Bajando del embalse paramos en uno de los trekking que se puede hacer en el valle. Aquí los trekking salen de "negocios privados" . Por decirlo de algún modo, son resorts en los que se puede pasar el día, hacer actividades de aventura como rafting o tirolinas o dar un paseo en caballo entre otras cosas. También se pueden contratar estas caminatas que pueden durar entre 1 hora y media o 3 horas y te llevan con un guía a puntos relativamente cercanos al Resort. Nosotros paramos en la cascada de las ánimas.
Por algo menos de 9 euros nos dieron acceso a la cascada de las ánimas. Antes del paseo aprovechamos para comer en la zona de merendero. Por el camino el guía nos enseñó lo que supuestamente era un centro de recuperación de animales donde tenían varios loros y dos pumas. Sinceramente nos dio la sensación de que más que recuperarles, usaban los animales como reclamo para que la gente entrase en su negocio. El paseo hasta la cascada era una subida desde el cauce del río Maipo hasta lo alto del valle, donde se podían ver dos saltos de agua, la cascada de las ánimas y la cascada del colibrí.
La subida por el valle y las vistas eran casi más espectaculares que los dos saltos. La verdad es que si lo llegamos a saber, hubiéramos reservado un par de días para toda la zona del Cajón del Maipo ya que merece la pena. Una pena que el Morado no fuera accesible porque nos quedamos realmente con ganas de ver esa zona del valle. De vuelta a Santiago y una vez entregado el coche en el Renting, nos tomamos una cerveza en una de las terrazas de Bellavista. Este barrio parece que siempre tiene ambiente. Las universidades están cerca y los estudiantes aprovechan para relajarse en sus terrazas.
Sólo aguantamos una cerveza, estábamos tan cansados que nos volvimos a casa a dormir.























