El día empezó antes de lo esperado. El despertador sonó a las 9, pero lo cierto es que cuando nos asomamos vimos el día gris, parecía que acababa de amanecer o estaba amaneciendo. Nos vestimos y fuimos a desayunar. Cuando llegamos al lodge principal nos dimos cuenta de nuestro error. No eran las 9 de la mañana, sino las 7, ya que Pascua tiene dos horas menos que Santiago, y sí, estaba amaneciendo. Dani se volvió a la cama, yo aproveché para escribir el blog del día anterior, no tenía sueño.
Un par de horas después ya fuimos a desayunar. El desayuno aquí es más bien escaso: un zumo, café con leche y dos bollos de pan con mantequilla. Aunque claro viendo el precio que tienen aquí las cosas y lo relativamente económico que fue el alojamiento, no nos podemos quejar. Tras el desayuno, y después de habernos preparado nuestra bolsa con comida para el día, nos fuimos al centro del pueblo para alquilar unas bicicletas y comprar la entrada del parque nacional. Como comenté la entrada cuesta 54.000 pesos y puede comprarse tanto en el aeropuerto como en el centro de la ciudad, eso sí, el pago sólo es en efectivo, algo muy curioso teniéndo en cuenta que en el resto de la isla puede pagarse todo con tarjeta.
¿Es necesario pagar la entrada? A ver todos los Moai se ven desde la carretera un poco lejos... E incluso en algunos sitios puede pasarse sin que te sellen tu ticket, pero si te has gastado el dinero en un vuelo a Santiago y otro a Isla de Pascua, que eso sí es un pasta, ochenta dólares más no es tanto.
La Isla de Pascua se puede hacer perfectamente en bicicleta o incluso con tiempo y ganas andando. De hecho para mí es la mejor forma de conocer Pascua. El coche te transporta de un yacimiento a otro sin esfuerzo y le quita el disfrute del camino. Hay dos carreteras principales que tienen 15 y 18 km y en sus márgenes se encuentran la mayor parte de los yacimientos ecológicos. Hay algunas cuestas, pero son moderadas, así que alguien con un mínimo de fondo físico puede recorrerse la isla así. El alquiler de una bici por 24 horas es de unos 13 euros (10.000 pesos). Mucho más económico que un coche o un quad, que rondan los 50.000 pesos. Al menos si eres uno sólo.
A las 11 ya andábamos pedaleando por la carretera de la Costa. Aquí casi cualquier cosa que ves a los lados son Moais o sitios arqueológicos. Todo está muy señalizado para que no se pise o se equivoque con una piedra y es que es cierto que según que Moais o te dicen lo que es o pensarías que es un trozo más de tierra. Los primeros sitios que vimos tenían varios Moai de grandes dimensiones tumbados, Ahu Taraku, Akahanga y Ahu Vaihu. Al parecer fueron los propios habitantes de la isla los que tumbaron las esculturas en un momento de su historia por una pelea entre tribus, y así se han quedado la mayoría menos algunos que han sido restaurados y colocados sobre sus altares. Se distinguen perfectamente los Ahu que son los altares sobre los que se ponían los Moai a lo largo de toda la carretera, algunos de ellos sin Moai. Paramos a comer en Hanga Tetenga.
Antes de llegar al desvío que te lleva hacia Rano Raraku, están este par de Moais tumbados al lado de la carretera junto al mar, que merece la pena pararse a ver. Están en muy buen estado de conservación y apenas nadie repara en ellos por lo que se pueden tomar buenas fotos ahí. El primer plato fuerte del día fue Rano Raruko. Este antiguo volcán fue la cantera de todos los Moai de la isla y en su falda pueden verse distintas cabezas de varios estilos y tamaños e incluso un par de Moai a medio tallar de enormes dimensiones. Es tal vez uno de los sitios más especiales de la isla y con los Moai más bellos. El trekking por la ladera de la montaña puede llevarte fácilmente hora y media si además de la cantera subes al cráter del volcán. El antiguo cráter ahora se haya cubierto de agua y vegetación y en su cara interior hay más Moai esculpidos, si bien a estos otros no puede accederse. Es aquí, al otro lado del cráter donde se encuentra el Moai de 10 metros que desenterraron hace unos años. Ahora está de nuevo enterrado y no se puede acceder a él. Ah! Y matando un mito, siempre se ha sabido que los Moai son cabeza y cuerpo, sólo en Rano Ranaku hay algunos enterrados porque quedaron a medio tallar. Aviso, si vas a comprar agua o una bebida en este lugar, ten en cuenta que los precios son desorbitados, nos cobraron 4 euros por una botella pequeña de agua.
Desd la ladera del volcán pudimos ver la siguiente parada, los 15 Moai de Tongariki. Desde ese punto es desde donde aconsejan ver amanecer y tal vez sea una de las estampas más famosas de Isla de Pascua. Estos Moai son de los más grandes de la isla midiendo hasta doce metros y están de espaldas al mar. Como he dicho más arriba es un Ahu restaurado. Desde aquí la siguiente parada importante era Anakena justo en el punto opuesto de la isla a Hanga Roa. Por el camino vimos una piedra que hacía de amuleto marino para atraer a los peces a la Costa y pasamos por dos zonas más, Te pito Cura, el ombligo del mundo donde se encuentra un gran Moai tumbado y Papa Vaka, unos petroglifos grabados en el suelo, pero Dani estaba cansado de pedalear durante todo el día y preferimos dejarlo para otro momento.
En Anakena sólo nos paramos a comprar agua, desde fuera pudimos ver la bonita playa de la isla de arena blanca y rodeada por palmeras. Lo cierto es que para ser la única playa ya que el resto son acantilados, no se veía en absoluto masificado. En Anakena también se encuentra un Ahu con unos cuantos Moai en muy buen estado de conservación. Lo cierto es que da la sensación de que esta playa y los Moais son totalmente artificiales y están ahí para el turista. Las palmeras alrededor de la playa sé a ciencia cierta que fueron plantadas a finales de los sesenta, el resto no lo sé.
El camino de vuelta fue un pequeño infierno para Dani. La primera parte es totalmente cuesta arriba y además con algunas de las subidas más fuertes de la isla. Dani se bajó de la bici y las hizo andando. Llegado a un punto el resto hasta Hanga Roa es bajada. En total pese a hacer una parte andando, no tardamos más de una hora y poco en hacer la carretera de vuelta. La idea era ir a cenar a Te Ra ai, un espectáculo que nos habían aconsejado, pero cuando llegamos al pueblo y quisimos resérvalo ya no había plazas. Aun así nos recomendaron ver otro espectáculo al día siguiente.
Después de ducharnos y descansar un poco salimos a cenar. Fuimos a un sitio llamado Donde la tía Berta en la calle principal. Las empanadas de atún aquí están especialmente buenas y no son muy caras para el precio que tiene la isla, 4 euros. Del restaurante, rendidos por el día de bici, nos fuimos al hotel al dormir. Habíamos hechos en total 14 km andados y más de 40 en bicicleta.







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