lunes, 13 de noviembre de 2017

Géiseres, lagos de sal y estrellas

San Pedro de Atacama, 9 de noviembre de 2017

Nuestro último día en San Pedro era sin duda el más activo de los tres. El despertador sonó a las 4'15 de la mañana. Nos pasaban a recoger para la primera de nuestras excursiones a partir de las 4'30. De los géiseres del Tatio nos habían dicho que el frío era terrible, llegando a los -10 grados y nosotros apenas íbamos preparados. Nos pusimos tres camisetas bajo la sudadera, la braga par el cuello y el gorro de lana que nos compramos el día anterior y nos concienciamos de que íbamos a pasar mucho frío. También nos avisaron del mal de altura ya que los géiseres estaban a unos 4.300 metros.



Nuestro conductor pasó a buscarnos sobre las 5'25 de la mañana. Lo primero que nos dijo es que no nos preocupáramos por el mal de altura, pese a la elevación esa zona tenía más oxígeno de lo normal y es raro que ocurra. Lo siguiente que nos dijo fue que intentáramos dormir porque teníamos un buen camino hasta la zona de los géiseres y a esas horas y a oscuras no había mucho paisaje que ver. Prometo que lo intenté y quien me conoce sabe que es fácil que duerma en cualquier transporte, pero la carretera ascendente es tan terrible que me resultó imposible. Íbamos botando por caminos de tierra y es imposible conciliar el sueño. De hecho Dani llegó hasta mareado a los géiseres y no por el mal de altura. Una pareja chilena delante de nosotros sí consiguió dormir sorprendentemente.



A los géiseres llegamos al amanecer, es a esta hora, cuando la temperatura empieza a ascender cuando más activos están y el espectáculo de la naturaleza se muestra con más fuerza. Según avanza el día los géiseres más pequeños se inactivan hasta la mañana siguiente. Hacía frío pero tampoco era algo muy exagerado y nosotros lo aguantamos bien pese a nuestra poca preparación. 



Al parecer el Tatio es el tercer lugar geotérmico del mundo tras Yellowstone y otro sitio en Japón. El guía nos advirtió que tuviéramos mucho cuidado de donde pisábamos y nos enumeró las diversas muertes de turistas por selfies imprudentes que se habían producido en los últimos años. Uno de los géiseres fue creado por una mujer que pisó donde no debía y se abrió el suelo bajo ella y al más grande de todos se le llama el asesino.



Desayunamos ya cuando amaneció y a nuestro alrededor empezaron a sobrevolar un montón de gaviotas andinas que venían a intentar conseguir algo de nuestro desayuno. Las gaviotas andinas son similares a las de mar, pero su color es blanco mezclado con gris y negro muy puro. Son muy bonitas. Bajando de los géiseres paramos en un pueblo donde pudimos probar una brocheta de llama por unos 4 euros. Su sabor es similar al cerdo, pero su carne es más suave, recomendable probarlo. También pasamos por el pueblo más pequeño de todo Chile, formado por la casa de dos hermanas.



Hicimos otras pequeñas paradas para ver una pequeña laguna con flamencos y una ladera de una montaña donde había una especie de conejos/ardillas típicos de la zona. También pudimos ver montones de vicuñas que andaban por la zona y un cañón formado por las aguas de las termas de puritama. Por último el guía nos paró en una ladera donde dejó su coche en punto muerto y nos contó que el coche subía una cuesta por efecto de la magnetita de una montaña cercana. Como no nos lo creíamos y Diana nos avisó de que nos iban a contar esto, nos bajamos del coche y con una botella de agua le demostramos al guía que realmente todo era un efecto óptico y que lo que era supuestamente una subida, era en realidad una bajada. Sí, nos hicimos los listillos, no sé si el hombre contará a sus futuros tours lo de la montaña magnética.



A media mañana llegamos a San Pedro y fuimos al hostel a descansar un rato. Tampoco teníamos mucho tiempo, teníamos que comer y a primera hora de la tarde salía nuestro segundo tour del día a las lagunas escondidas. En San Pedro te ofrecen un tour a la Laguna Cejar que incluye los ojos del salar y otro a la laguna escondida. Ambos cuestan más o menos lo mismo, pero en ninguno incluye la entrada a las lagunas en sí. La diferencia es que entrar en la laguna Cejar cuesta casi 20 euros por persona mientras que en la otra laguna no llega a 7 euros y la experiencia es similar, flotar en una pequeña laguna salada similar a como se hace en el mar muerto. Nosotros nos decidimos por la laguna más barata. Con todo el calor nos subimos a una furgoneta con otros 15 turistas más y partimos hacia allí.



Los paisajes saliendo de San Pedro son totalmente extraterrestres, si el valle de la luna es un imperdible, en esta ocasión pasamos por el Valle de Marte, una enorme extensión de piedra y arena roja que te hace pensar que estás en el planeta vecino. A mitad de camino en medio del desierto empezó a sonar la rueda trasera derecha de forma un tanto extraña. El conductor se bajó y cuando vi su cara supe que mis suposiciones eran ciertas, habíamos pinchado. Estuvimos tirados en el desierto más de una hora intentando cambiar la rueda del minibús. Sin una sombra y a las 16'30 de la tarde, lo mejor era tomarse aquello con humor. 



Por fin consiguieron poner la gata (aquí es femenino) , sacar la rueda y cambiarla por la de repuesto, pero habíamos perdido una hora de excursión, por lo que el tiempo de baño en la laguna pasó de una hora a treinta minutos. La laguna escondida realmente se llama Laguna de Baltinache y no se tiene claro si su origen fue artificial o natural. En total son 7 lagunas saladas y el baño sólo es posible en la primera y en la última. El resto de las lagunas están en periodo de formación y está prohibido meterse en ellas. Las lagunas aunque uno no se bañe son dignas de verse, el blanco de la sal contrasta con el azul cristalino del agua y el camino de una a otra de las lagunas se hace entre enormes bloques de sal.


El lugar en sí tiene vestuarios y hasta duchas para después de bañarse, algo que es fundamental ya que tras el baño se acaba totalmente blanqueado cuando uno se seca por la sal. La experiencia es similar a la que se tiene en el mar Muerto aunque tal vez se flote algo menos. Quien no haya tenido nunca una experiencia así seguro que lo disfruta. Puedes ponerte como quieras y hacer lo que quieras, menos sumergirte. Si se tienen heridas eso sí se sufrirá, el agua salada abrasa. También si se nos mete por accidente algo de agua en el ojo. 



Por cierto, en las lagunas vimos un auténtico tour vip muy distinto al nuestro. A esta otra gente les daban albornoz al salir de la laguna y una merienda con vino y comida buena, no snacks, al salir del baño. Eso sí, tenían que ducharse en los mismos vestuarios que nosotros para quitarse la sal y esos no eran en absoluto Vip.



De las lagunas fuimos a toda velocidad hasta un punto desde donde ver el atardecer. El valle donde nos llevaron era similar al Valle de la Luna que habíamos visto dos días antes. El tour nos incluía una pequeña merienda mientras veíamos como el sol se iba ocultando. Yo acabé bebiendo media botella de pisco ya que nadie más lo hacía. Debido al pinchazo casi llegamos cuando el sol estaba ocultándose. Mientras merendábamos varios chilenos y brasileños nos preguntaron por la situación política de España en esos momentos.



Llegamos a San Pedro más tarde de lo esperado, sobre las 20'20. Teníamos 25 minutos para comprar algo para cenar, cambiar pesos chilenos por pesos bolivianos e ir al baño antes de que comenzara nuestra última excursión del día, el Tour Astronómico para ver las estrellas. La cena la arreglamos con un par de empanadas compradas en una panadería al final de la calle Caracol y para el baño tuvimos que acercarnos al polideportivo. Los bolivianos los cambiamos cerca de la plaza central. Llegamos justo a tiempo.

Creo que ya la conté en una entrada anterior, debido a su situación el cielo de San Pedro es un lugar privilegiado para ver las estrellas. Desde el propio pueblo se ven cientos de ellas. El tour nos llevó a una media hora de la ciudad para evitar la contaminación lumínica. En mitad del campo nuestro guía tenía instalados dos telescopios y una mesa con café y té para picar algo. Este tour es imperdible para todo aquel que le guste la naturaleza. Es sin duda el cielo en el que más estrellas he visto en mi vida. Nuestro guía enfocó varias constelaciones y estrellas que pudimos ver con claridad. También pudimos ver la galaxia de Andrómeda y Saturno e incluso varias estrellas fugaces durante las dos horas que duró le tour. 

Lo mejor sin duda fue el final, nos hizo a cada uno varias fotos individuales con el cielo estrellado de fondo. Es posiblemente el mejor recuerdo final que podemos tener de Atacama. Casi a medianoche nos dejaron en nuestro hotel. En poco más de dos horas nos levantábamos para coger nuestro bus con el que cruzaríamos la frontera boliviana para llegar a Uyuni, donde nos reuniríamos con Diana.




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