Nuestro tercer día en Isla de Pascua iba a ser variado. Tras el desayuno nos fuimos a hacer el trekking que subía a lo alto del volcán Rana Kao y la aldea Orongo. Este volcán se encuentra muy cerca de Hanga Roa y se puede hacer andando sin mucho esfuerzo. También hay una carretera para acceder para aquellos que vayan en coche. Antes de llegar al camino que sube al cráter se pueden ver unas cuevas con algunas pinturas rupestres de pájaros, Te Ara o Te Ao. Su estado de conservación es bastante precario, la cueva está a ras de mar y bajar por las escaleras no es fácil.
El Rana Kao es el volcán desde el que se iniciaba la competición del hombre pájaro que se puede ver en la película de Rapa Nui. Esta celebración se hizo hasta 1867, relativamente poco. Los hombres de la isla subían por la cara norte del volcán hasta la aldea de Orongo, situada en lo alto. Desde allí los competidores se lanzaban por la ladera llamada Kari Kari hasta el mar y nadaban hacia unos pequeños islotes frente a la Isla de Pascua donde esperaban días y hasta semanas hasta que llegasen a anidar los Matavari, una especie de pájaro que todos los años llegaba a criar en la isla. El primer hombre que se hacía con un huevo de este ave y volvía a la isla, era coronado como el hombre pájaro y tenía las bendiciones de los dioses. Aparte vivía aislado de todo el mundo durante el año que duraba "su título".
La subida al volcán ofrece una vista panorámica de toda la costa de Hanga Roa y no lleva más de 45 minutos, si bien es muy aconsejable llevar agua, pese a que la temperatura no era exagerada, la humedad y el calor pegajoso dificultaba el acceso. En lo alto del volcán hay un enorme y profundo cráter de 1'5 km de diámetro. En su interior se encuentra conservada parte de la biodiversidad de la isla. El viento arriba soplaba con fuerza y la temperatura bajó bastante. Siguiendo el sendero del cráter se llega a Orongo, la aldea ceremonial. Es ahí donde te piden tu ticket de ingreso al parque.
Hay un pequeño museo con paneles explicativos sobre el hombre pájaro y de ahí se pasa a un sendero desde el que se ve la aldea. Por desgracia casi toda la aldea fue expoliada. Los frescos de las casas fueron arrancados por ingleses y americanos, destruyendo las construcciones que han sido restauradas posteriormente y el Moai que se encontraba en la aldea ahora mismo se exhibe en el British Museum. Tan sólo quedan algunos petroglifos cerca del volcán. Desde aquí es el único punto desde el que se pueden ver los islotes de la competición, el Motu Kao Kao y el Motu Nui.
La bajada fue mucho más rápida y aprovechamos para comer nuestros sándwiches y latas por el camino en uno de los miradores de la ladera. De vuelta al pueblo lo primero que hicimos fue ir a reservar un espectáculo con cena, una actividad típica de aquí y sí, es muy de turisteo británico, pero para una vez en la vida que estamos aquí... El espectáculo que cogimos fue el de Kari Kari y supuestamente es el mejor valorado en Trip Advisor. Ver el espectáculo son 20 euros. El espectáculo más cena unos 50 euros. Al precio que tienen aquí las cosas la verdad es que la cena tampoco es cara. Cogimos el pack, al menos un día cenaremos algo que no sean empanadas.
Lo siguiente fue ir a alquilar un coche, la idea era ir a la playa de Anakena a pasar la tarde y ver algunas de las cosas que nos quedaron por visitar el día anterior. Un taxi de ida y vuelta a Anakena cuesta entre 15.000 y 20.000 pesos (20-27 euros), el alquiler de un coche pequeño sin aire acondicionado durante 24 horas cuesta entre 35.000 y 40.000 pesos, sale más rentable. Aparte la gasolina es bastante barata respecto a Chile. Eso sí, no hay que esperar coches nuevos, el Suzuki Jimmy que nos alquilaron estaba para pocos trotes.
Saliendo del pueblo pudimos ver el avión de LAN despegar muy cerca. Hay un vuelo de ida y vuelta al día y justo salía en el momento en que pasábamos frente al aeropuerto. Nuestra primera parada fue Puna Pau, la cantera desde donde salían los Pukao, los sombreros rojizos que coronan a los Moai. Algunos de estos sombreros eran realmente grandes y pesados y hay distintas teorías tanto de lo que representan como de cómo los colocaban encima de los Moai. Algunos dicen que se colocaban a través de rampas una vez que el Moai era levantado, otras que se levantaban los Moai con ellos ya colocados. De ahí nos fuimos a los dos yacimientos cercanos a Anakena que no habíamos visto el día anterior, Te Pito Cura y Papa Vaka. A los petroglifos de Papa Vaka hay que echarles imaginación para ver los atunes, los anzuelos y las barcas. Están al aire libre y dudo que la lluvia y el viento sean buenos para su conservación.
El resto de la tarde la pasamos en la playa de Anakena. Aquí hay un Ahu con varios Moai y otro Moai un poco más alejado de espaldas al mar. La playa es espectacular, con césped y palmeras en sus laterales y arena blanca. El mar tiene bastantes olas, como toda la isla, pero el agua no está fría e invita a bañarse y disfrutar del oleaje. Pese a ser la única playa de toda la isla, tampoco está masificada y encontrar sitio en primera línea de playa es fácil. Anakena es un lugar para disfrutar, pero también es cierto que no tiene el encanto del resto de la isla, se ve artificial y ese paisaje no encaja en absoluto con el resto del paisaje volcánico del lugar. En Anakena estuvimos hasta el atardecer.
De vuelta a Hanga Roa nos dio tiempo a hacer más bien poco. Nos duchamos y fuimos al espectáculo de Kari Kari. Nada más entrar nos pintaron la cara y pedimos un cocktail. Merecen mucho la pena, uno era una especie de mojito de maracuyá y el otro una piña colada con frutas tropicales. Dani se tiró medio vaso encima antes de que empezara el espectáculo. En cuanto al baile, dura una hora más o menos y sí, es una turistada del quince, pero es muy vistoso de ver. Sacan al público a bailar (por supuesto lo di todo), cantan canciones típicas y finalmente puedes hacerte una fotografía con ellos.
La cena no estuvo mal pero tampoco fue maravillosa. Al menos pudimos probar el ceviche de atún y un pescado en mango que sólo se daba en la Isla de Pascua. Sobre si recomendaría el show... No sé, tal vez iría a comer empanadas y me ahorraría ese dinero, personalmente me gustan mucho más, aunque ya que se está aquí, ¿por qué no caer en la turistada? No creo que los bailes que viéramos fueran típicos de Pascua, era más de la Polinesia. Nos quedaremos con ganas de saber si el otro espectáculo era más auténtico.










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