viernes, 3 de noviembre de 2017

En el ombligo del mundo

Isla de Pascua, 2 de noviembre de 2017

Nuestros despertadores sonaron a las 4 de la mañana. Teníamos nuestro vuelo a Isla de Pascua muy temprano. Para ir al aeropuerto pedimos un Uber. Cuando llegó el coche ya notamos algo extraño. Normalmente los coches de Uber son limpios, nuevos y te suelen recibir con una botella de agua. Este no tenía ninguna de esas características. Cuando nos subimos el conductor nos pidió que uno de nosotros fuera delante con él y ya nos explicó el por qué. Al parecer, aunque Uber opera en Santiago y la aplicación funciona sin problemas, es un servicio ilegal. Nosotros la verdad es que no tuvimos ningún problema y por menos de 15 euros llegamos al aeropuerto. 

El vuelo de Isla de Pascua dura 5 horas, y la verdad, es caro. El precio mínimo son unos 400 euros. Nosotros lo cogimos con meses de antelación. Los aviones que vuelan son muy nuevos y tienen de todo. La verdad es que el vuelo con LAN fue excelente. El aeropuerto de Pascua es una pista de 2km de longitud que atraviesa la isla. Cuando bajas del avión te acercas a un techado donde recoges tus maletas y no hay mucho más. Todo muy rústico. 



Isla de Pascua es un lugar caro, traer la comida hasta aquí encarece mucho la vida y leímos en foros que lo mejor era llevarnos nuestra propia comida para abaratar costes. Nosotros nos llevamos algunas cosas, pero la gente que viajaba con nosotros llevaba muchísimo más. Por la cinta salían enormes maletas, palés de rollos de cocina y montones de neveras portátiles con comida. Recomendación: haced la compra en un súper y traed comida, lo agradeceréis. Y si en vuestro alojamiento os permiten cocinar, mejor.

En la sala de recogida de equipajes nos encontramos con nuestra primera sorpresa. La isla de Pascua es en sí un Parque Nacional y para visitar casi todos los lugares de interés hay que pagar una tasa que para los extranjeros es de 80 dólares. Si quieres ver Moais de cerca, hay que soltar pasta y mucha. Y teniendo en cuenta que uno posiblemente no vuelva aquí en la vida, no le queda otra que dejarse el dinero. Este ticket se puede comprar en el propio aeropuerto según se baja del avión, o en una oficina en el centro. 54.000 pesos es su precio a noviembre de 2017.



Nuestro alojamiento también estaba cerca del aeropuerto, aunque bueno realmente aquí todo está bastante cerca. Andamos como unos 15 minutos hasta él y ya en un primer momento eres participe de lo especial de esta isla. Se respira tranquilidad. Las casas son abiertas, tienen bonitos jardines con flores y por las calles hay vacas, gallinas, caballos, perros,... De todo. Para que os hagáis una idea, es el típico sitio que uno ve en Españoles por el Mundo donde aparece alguien hipermegafeliz porque ha dejado su aburrida y gris vida atrás y se vino a vivir aquí.

En el hotel donde nos quedamos no nos dejaron cambiarnos siquiera ya que nuestro check in era a la 13, así que con la ropa de Santiago (y abrigados) y habiendo dejado al menos la mochila en recepción, decidimos ir a dar un paseo por Hanga Roa, la población principal de Pascua. Por cierto, en este lugar Atavi se llama, nos dijeron que si queríamos que nos calentaran agua para hacernos los fideos guarros que nos hemos traído, nos cobraban casi tus euros. Su nota de booking está bajando a pasos agigantados. La avenida principal es tranquila, como todo aquí. En los laterales hay algunos supermercados, negocios locales, lugares de alquiler de coches y bicicletas y sitios de artesanía. Es curioso que el núcleo poblacional más grande de la isla sea poco mayor que la aldea de mi padre en Asturias. Por cierto, para mis amigos, esta isla es como mi pueblo, me recuerda mucho jeje, aunque en mi pueblo no hay Moais pero si algún tocón de árbol tallado muy similar.



El internet en la isla es muy malo, de hecho no sé si podré subir el blog hasta que vuelva a Santiago, pero en la plaza principal al final de la calle hay una conexión gratuita cuya velocidad es decente y permite enviar algunas fotografías por whatsapp a tus amigos para que al menos disfruten de las vistas. Junto a la plaza hay una pequeña cafetería con unas empanadas de pollo, champiñón y pina deliciosas. Y mira que yo no soy amigo de la piña en la pizza, pero éstas me encantaron. Eso sí, cada una cuesta más de cinco euros y medio. Nosotros estábamos muertos de hambre y no pudimos resistirnos a coger una.

Al final del pueblo llegamos al cementerio de Hanga Roa. Es un lugar que merece la pena ser visitado. Cada lápida está decorada de forma diferente y lejos de la sobriedad y tristeza de nuestros cementerios, estas lápidas desprenden buena energía pese a la sencillez de cada una de ellas. Desde el cementerio girando la vista visualizamos nuestros primeros Moai. Estos son los Moai de Tahai. Es un lujo poder verlos en directo, es algo que has visto siempre representado en tantas fotos y vídeos y de repente lo tienes frente a ti. Sin dudarlo nos acercamos corriendo. No había nadie que pidiera el boleto del parque, así que aún con las pintas que llevábamos fuimos a hacernos la foto. Es curioso porque en todos los demás lugares de restos arqueológicos sí que te piden el boleto, pero aquí tal vez por su cercanía a Hanga Roa, no. En total son 6, 4 sobre un ahu, que es el altar ceremonial, y otros dos más al otro lado. Uno de los dos, el más restaurado que hasta posee ojos, lleva el sombrero tradicional o Pukao. De ahí avanzamos un poco más y vimos otro Moai un poco más lejos pero a ese no fuimos. 



Volvimos a nuestro alojamiento bordeando la Costa y pudimos ver un par de Moais más en el paseo marítimo. En Hanga Roa además hay un par de piscinas naturales donde el mar está más tranquila y puede tomarse un baño, pero en general en este área no es posible bañarse porque las olas son enormes, ideales para surfistas si no fueran a acabar contra las cortantes rocas volcánicas que conforman el litoral de la isla.

Una vez cambiados en el hostel, comidos y tras una siesta de media hora, salimos a dar una vuelta. Quisimos ir a un sitio arqueológico cercano al otro lado del aeropuerto, Vinapu. El camino no es muy largo, unos 3 km y fuimos acompañados de una perra callejera que se nos acercó. Hay que bordear toda la pista del aeropuerto y llegar a la falda del volcán Orongo. Cuando llegamos eran ya las 18.20 y había cerrado, pero desde fuera no se veía nada especial. Volvimos a Hanga Roa e intentamos ir a ver el atardecer desde los Moai de Tahaia que vimos por la mañana. Por el camino compramos una botella de agua grande (2,5 euros) y una Coca Cola también grande (3 euros). Siento aburrir con los precios, pero entiendo que son útiles si alguien se encuentra este blog y quiere viajar a Isla de Pascua. 



No fuimos los únicos que habíamos leído por internet lo de los atardeceres desde Tahai, en la explanada había más gente esperando ver el espectáculo. Incluso unos locales de un restaurante cercano estaban bailando danzas típicas para promocionar su establecimiento. Con el sol ha caído empezó a levantarse un viento frío y la temperatura, muy buena durante el día, bajó. Fuimos andando buscando un lugar para probar una empanadilla de atún, típica de aquí. Encontramos un sitio llamado Club Sandwich en la calle principal donde las ponían, así que decidimos cenar algo caliente allí. Dos cervezas artesanas de la zona, un cuenco de patatas y dos empanadillas, grandes eso sí, pero peores que las de mi madre, nos costaron 22 euros. Una cena cara la verdad.



De allí nos volvímos al hotel, habíamos andado casi 23 km desde que nos levantamos a las 4 de la mañana en Santiago y estábamos derrotados. El primer día en Isla de Pascua no podía haber sido mejor.

1 comentario:

  1. Chicos, como siempre un placer seguir vuestras aventuras y morirme de la envidia...
    Ele Iscar

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