lunes, 6 de noviembre de 2017

Iorana Rapa Nui

Santiago de Chile, 6 de noviembre de 2017

Nuestros días en Isla de Pascua llegaron a su fin. Han sido 5 días muy aprovechados que nos han permitido disfrutar de uno de los lugares más mágicos del mundo. Ahora sólo nos quedaba hacer la mochila y despedirnos de los Moai. Ionara en Rapa Nui significa tanto hola como adiós, ojalá podamos volver a decir Ionara Rapa Nui en algún momento. 



Nuestro avión salía a las 15 de la tarde. Teníamos la mañana para pasear por Hanga Roa y hacer algunas compras. En nuestro alojamiento la chica de recepción nos dijo que en la carcel de la isla había un mercadillo de artesanía donde se podían comprar las cosas mucho más baratas. Nos resultó extraño pero le hicimos caso y fuimos a ver qué había allí.

La cárcel está pasado el aeropuerto antes del camino de subida al Orongo. Lo cierto es que tampoco tiene pinta de prisión. Se accede a unos patios totalmente abiertos y de ahí a un edificio donde están los presos, que son los vendedores, con sus artesanías. Tiene sentido que la carcel no tenga mucha seguridad, al fin y al cabo Pascua es una isla que se caracteriza por su tranquilidad y en el hipotetico caso que un reo se escapase, no tendría mucho sitio donde irse y no creo que se lanzase al mar a nadar los 4.000 km que separan la isla de Santiago. 



En el mercado de la carcel tienen de todo, sobre todo tallas de maderas y sí, sus precios son bastante más bajos que en los dos mercados de artesanía. El único "pero" es que no se puede pagar con tarjeta. A Dani le gustó un Moai y como no teníamos dinero, no pudimos comprarlo.

De aquí nos fuimos al centro del pueblo y como Dani seguía con el Moai que no había podido comprar, fuimos al mercado de artesanía a ver si había alguno parecido. Teníamos una botella de vodka y otra de Pisco ya que nos habían dicho que en Pascua podía practicarse el trueque por artesanía, así que pensé en hacer el trueque aunque tuviéramos que pagar algo más. En este mercado todo era mucho más caro y no, no se puede hacer trueques con alcohol, es una leyenda urbana. El alcohol a los habitantes de Rapa Nui no les interesa, son gente muy sana y no beben.



Como Dani seguía pensando en su talla de Moai y yo soy de los que piensa que hay que intentar hacer feliz a la gente ya que seguramente no volvamos aquí nunca más, le propuse sacar dinero y coger un taxi que nos llevara a la carcel a comprar su Moai y de ahí al hotel a por nuestras mochilas y al aeropuerto. Así hicimos, cogimos un taxi conducido por una mujer y su marido.



De camino a los calabozos este matrimonio nos contó su historia. Llevaban 40 años casados. Ella es Rapa Nui y él de Santiago y fue a la isla a trabajar de cocinero cuando era joven en el único hotel que había en la isla en aquel tiempo. De aquellas sólo  había un vuelo a la semana y todo era muchísimo más caro que ahora. Nos dijeron que antaño sí que se hacía trueque por los elevados precios, pero que ahora ya había de todo allí y que no solía hacerse a no ser que la mercancía fuera muy interesante.



Llegamos a la carcel y por desgracia la talla que a Dani le había gustado ya había sido vendida, así que tuvo que comprar una similar. De allí recogimos nuestras mochilas y nos fuimos directos al aeropuerto donde comimos las últimas latillas que nos quedaban antes de embarcar. Aterrizamos en Santiago pasadas las 21 de la noche. Según llegamos a casa de Diana cenamos algo y empezamos a preparar la mochila, poner lavadora y prepararnos para el día siguiente, nuestro vuelo a Calama salía a las 6.15 de la mañana. 

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