jueves, 2 de noviembre de 2017

Día en los museos

Santiago de Chile, 1 de noviembre de 2017

Santiago no tiene mucho más que ofrecer que lo que vimos los dos días anteriores. Como ya comenté no es una ciudad bonita en sí, tiene pocos edificios monumentales y sus calles y parques tampoco invitan a pasear. Lo más bonito de la ciudad realmente es que mires donde mires al fondo tienes las montañas.



Nos levantamos el primer día de noviembre tranquilamente y desayunamos en casa. El último día en Santiago íbamos a dedicarnos a ver algunos de los museos de la ciudad y a hacer la compra para Pascua y Torres del Paine. Andando 15 minutos desde casa de Diana se encuentra el parque Quinta Normal. Es posiblemente junto con el cerro de San Cristóbal el parque más cuidado de toda la ciudad.

 

Justo enfrente se encuentra un edificio moderno que es el Museo de la Memoria histórica. Lo primero que visitamos dentro del parque Quinta Normal fue el Museo de Historia Natural. Este museo es gratuito y se ve bastante nuevo, aunque la iluminación de los carteles te obligaba a dejarte un poco los ojos. El museo es un recorrido por todos los hábitats y climas de Chile con sus plantas y animales. Su visita no lleva más de una hora y es interesante. Chile es el país del mundo más alargado y pasa desde el clima desérticos de Atacama hasta la Antártida. En el museo se recogen todos y se habla también de algunos de los problemas actuales del país como la desertificación hasta la contaminación de la capital Santiago.

Dentro del parque se encuentra también el museo de Ciencias. El precio de la entrada era de un euro más o menos, pero se veía pequeño y antiguo así que preferimos no entrar e ir directamente al museo de Memoria Histórica. Por el camino paramos a comer una de las recomendaciones de Diana en un puesto callejero, la frutilla con chocolate, que básicamente es una brocheta de fresas (para los chilenos frutillas) bañada en chocolate. No llegan a euro y medio y la verdad es que están bastante buenas.



El museo de la memoria histórica está fuera del parque y es un homenaje a todos los desaparecidos y fallecidos durante la dictadura de Pinochet. Aunque es cierto que de cierta manera te deja mal cuerpo, es muy interesante su visita. Testimonios de la gente, vídeos y grabaciones históricas y recuerdos personales de los encarcelados son algunas de las cosas que sirven como elementos para contar la dolorosa historia reciente del país. El mensaje final es positivo, con el fin de la dictadura y la instauración de una democracia que llega hasta el día de hoy. En el museo también hay varias exposiciones temporales y es totalmente gratuito.



Finalizada esta visita volvimos al parque para ver un museo más apto para todos los públicos: el museo del ferrocarril de Santiago. Este museo tiene un coste también de un euro y consta de 16 locomotoras antiguas que dieron servicio en el ferrocarril de Chile durante el siglo pasado. El tamaño de algunas de estas máquinas es descomunal y contrasta con los actuales trenes de alta velocidad que van a ras de suelo. Es posible subir en algunos de los vagones y locomotoras e incluso andar por debajo de ellas.



Nuestra última visita del día fue el museo Artequin. Este museo es algo más caro que el resto y lo cierto es que su interior no merece mucho la pena. En sus paredes hay réplicas de algunos de los cuadros más famosos de la historia, y es más un lugar familiar para llevar a los niños y que aprendan a disfrutar del arte. Lo que sí merece la pena ver es el edificio que lo alberga. Este palacio fue construido como el pabellón de Chile para la Expo universal de París y su colorida construcción bien merece una visita.



Cerca del parque hay otros museos como el Planetario de Santiago, pero por falta de tiempo no pudimos verlo. Desde Quinta Normal volvimos andando a casa pero antes hicimos una parada en el Supermercado para comprar la comida que nos íbamos a llevar tanto a Isla de Pascua como a Torres del Paine. Justo el 1 de noviembre entró en vigor una nueva ley de redondeo ya que se dejan de emitir las monedas de 1 y 5 pesos, por lo que todos los precios de los comercios se redondean a la baja o al alta. Compramos básicamente latas y algo de frutos secos para los siguientes días y nos gastamos más de 100 euros. La comida en los supermercados es bastante cara.


De aquí volvimos a casa y aprovechamos para comer, hacer la mochila para el día siguiente, poner la lavadora con la ropa sucia de estos días y descansar. Diana no tiene lavadora en casa, así que hay que bajar al sótano del edificio donde vive a un cuarto de mala muerte que da bastante miedo a ponerla, un poco coñazo. A las 6,30 de la mañana del día siguiente salía nuestro vuelo hacia Isla de Pascua. Nos tocaba madrugar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario