Habíamos descansado poco más de dos horas cuando nuestro despertador sonó, eran las 2'20 de la mañana y nuestro autobús a Bolivia salía 40 minutos más tarde. Adormilados pusimos rumbo a la terminal de autobuses con nuestras mochilas, nos esperaba un viaje por carretera de más de 10 horas. Un perro negro nos acompañó desde la puerta de nuestro hostel hasta la estación de autobuses jugando con nosotros por el camino y despidiéndonos en el bus. Si por mí fuera me lo hubiera llevado a España también.
Lo más económico para ir a Uyuni es coger este bus que sale a diario a las 3 de la mañana y que une San Pedro y Bolivia. Su precio son unos 20 euros. Se puede coger un transfer privado que tarda unas 4 horas menos pero cuesta más del doble y además hay que pagar por la entrada en Bolivia. En Uyuni nos esperaban Diana y Jorge que tenían como misión conseguir el mejor precio en el tour de tres días por el salar.
El viaje fue tranquilo. El paisaje una vez que amaneció era merecedor de ser contemplado. La cordillera de los Andes estaba en nuestro lateral y se veían volcanes y más volcanes, algunos de ellos incluso activos soltando humo. Nos dijeron que Chile tiene 1980 volcanes de los cuales unos 180 están activos. Cuando amaneció llegamos a un pueblo fantasma en mitad del desierto donde los únicos habitantes eran viejos trenes abandonados. Era la frontera entre Chile y Bolivia y la verdad sobrecogía. En la salida de Chile nos pidieron el papel que te dan al entrar. Es importante llevar siempre con uno este papel porque como turistas estamos eximidos de pagar el 19% de IVA de los alojamientos. Nosotros no lo sabíamos y en Atacama pagamos este extra por no llevarlo.
La entrada a Bolivia no presentó mayores inconvenientes. En la frontera el policía ni nos miró la cara, selló nuestro pasaporte y no preguntó absolutamente nada. Pasamos nuestras mochilas por un escáner y ya estábamos en suelo Boliviano, aunque todavía quedaban unas horas para llegar a Uyuni. De la frontera nos fuimos con una canción en la cabeza de unos anuncios que no paraban de repetir: porque Bolivia importa, pero también exporta.
Importante ir al baño en la frontera si no se quiere pagar en la siguiente parada en medio de la nada en un restaurante donde te dan 15 minutos para desayunar. Consejo respecto a la comida: Bolivia no es Chile. Beber agua no embotellada no es seguro y la fruta o verdura tiene que estar o pelada o cocinada si no queremos tener una buena gastroenteritis. Como comprobamos posteriormente muchos mochileros acaban fatal del estomago en este país y lo que sueltan no es nada agradable.
Pasadas las 12 de la mañana llegamos a Uyuni. Habíamos pasado por la parte exterior del salar y nuestras ganas de conocerlo habían aumentado. Según nos bajamos varias personas nos ofrecieron ya el tour de tres días por el salar. Nosotros lo primero que hicimos fue ir al hotel para encontrarnos con los chicos y ver si Diana había hecho los deberes. Estaban en la habitación del hotel esperándonos. El hotel se llamaba la Reina del salar, y pese a ese nombre de lugar de poca reputación, lo cierto es que por los 10 euros que nos costó por cabeza con desayuno incluido, no estaba nada mal y muy bien situado en el centro del pueblo.
Diana había conseguido el tour de tres días por el salar finalizando en Atacama por 700 Bolivianos, algo menos de 70000 pesos chilenos (menos de 100 euros). El precio nos pareció bueno, después nos enteramos que se puede conseguir por 650 bolivianos o incluso 600 si necesitan completar un grupo y sobran plazas. En definitiva, es más económico contratarlo todo aquí y es muy fácil hacerlo. El tour incluye el transporte y alojamiento en pensión completa durante los tres días y sólo hay que pagar a mayores unos 24 euros por entrar al parque natural. Nuestra agencia fue Ripley Tours y la experiencia fue muy buena, no como la de otra gente que nos encontramos, creo que tienen página web, www.ripley.tours.com.
Diana ya había adelgazado algunos kilos de los que cogió en España y nos contó que en parte había sido por las gastroenteritis que había tenido en su viaje por todo Bolivia. Después de ducharnos, que llevábamos sin probar ducha desde las lagunas escondidas, fuimos a comer y pagar el tour. Dani y Diana eligieron un filete de llama pero no resultó ser la mejor elección. Si se quiere probar llama, mejor en el pueblo de Atacama bajando de los géiseres del Tatio.
Dimos un paseo por el pueblo pero lo cierto es que Uyuni tiene más bien poco que ver. Unas estatuas de hierro horribles hechas con antiguas piezas de trenes están en algunas de las avenidas céntricas y poco más. Todo cambia respecto a Chile, se ve mucho menos turístico y por la calle te encuentras con las Cholitas, las mujeres indígenas Bolivianas con sus vestidos típicos. De hecho el tour por el salar es algo que no lleva más de 10 años funcionando. No había mucho que hacer en la ciudad, así que nos fuimos al hotel a beber una botella de Singani que habían traído Diana y Jorge de su viaje, una especie de Pisco hecho con uva boliviana que no estaba nada mal y que nos ayudó (o no) a aclimatarnos a la altura.
Cenamos una pizza que fuimos a recoger y seguimos bebiendo y contándonos anécdotas hasta que nos fuimos a la cama. Al día siguiente comenzaba nuestra aventura de tres días por el salar.









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